Los Philodendros son.
Si acabas de adquirir un Philodendro o estás pensando en hacerlo, esta guía te ayudará a mantenerlo saludable y vibrante.
Los Philodendros necesitan mucha luz para mantener sus hojas grandes, fuertes y coloridas, pero el sol directo puede quemarlas, sobre todo el sol de mediodía si vives en lugares muy cálidos. Lo ideal es que les dé solo el sol directo por la mañana, cuando la radiación solar es más baja, y el resto del día que se mantengan a media sombra o con luz filtrada; esto se puede lograr colocándolas bajo un árbol o cerca de una ventana que cuente con cortina fina para los días más soleados y calientes. Entre más luz brillante reciba, más rápido crecerá y tendrá hojas más grandes y pigmentadas.
Evita la sombra total. Si la planta no recibe suficiente luz, sus hojas pueden volverse pequeñas, con peciolos alargados y caídos, y perder vitalidad poco a poco hasta desfallecer.
Los philodendros, por ser plantas tropicales, no toleran bien el frío. Su rango de temperatura óptima está entre 18-28ºC.
Evita corrientes de aire frío o colocarlos cerca de ventanas o puertas con cambios bruscos de temperatura.
Usa una mezcla bien drenante, aireada y rica en materia orgánica — por ejemplo: tierra para macetas + turba (o coco) + perlita o corteza (o mezcla “aroids”).
Es fundamental que la maceta tenga agujeros de drenaje, para evitar encharcamientos.
Cada 1-2 años o cuando la planta lo requiera, trasplanta a una maceta un poco más grande con sustrato fresco.
El riego es clave para el buen desarrollo de los philodendros, y varía de acuerdo a la temporada: en verano, con el calor, se riegan con más frecuencia, manteniendo el suelo húmedo, pero no encharcado; en invierno, si hace frío, es mejor regar hasta que la capa superior del suelo esté un poco seca, ya que con las temperaturas bajas las plantas en general requieren menos agua. Si vives en un clima tropical, mantén la tierra húmeda todo el año.
Es muy importante evitar los encharcamientos o que la tierra esté muy empapada. Considera que entre más grande sea la maceta, más agua retiene, por lo que habrá que regar con menos frecuencia.
El exceso de riego es la causa más común de que los philodendros no sobrevivan. Si tienes dudas sobre si ya le toca riego o no, lo mejor es no regar.
Asegúrate de que el exceso de agua drene correctamente — no debe quedar agua estancada bajo la maceta.
Los philodendros se deben fertilizar solo durante su temporada de crecimiento activo, que es en primavera y verano. Aunque si vives en un clima tropical cálido, sin inviernos marcados, puedes fertilizar todo el año. Usa abonos naturales, como el lixiviado de humus diluido, cada 3-4 semanas o agrega un poco de humus a la hora de trasplantar (el humus, además de aportar nutrientes, mejora la textura del suelo y aumenta la retención del agua).
También se pueden utilizar fertilizantes inorgánicos balanceados, como el triple 17 o alguno específico para plantas de follaje. Te recomiendo que lo diluyas a la mitad de la dosis indicada, aplicado cada 4-6 semanas, para evitar la acumulación de sales y quemaduras en las raíces, ya que los philodendros son sensibles al exceso de sales.
Los philodendros prefieren un ambiente húmedo (entre el 50 y 70%), aunque se pueden adaptar a lugares más secos. Te recomiendo que, en los días donde la humedad relativa baje del 40%, atomices o rocíes las hojas con agua para evitar que se sequen. También puedes colocar humidificadores y evitar las corrientes de aire seco. Puedes consultar la humedad relativa de tu zona en casi cualquier aplicación del clima.
Sin embargo, yo no recomiendo atomizar las hojas si la humedad está por arriba del 60%, ya que podría resultar en una enfermedad por hongos, que casualmente, se ve como manchas marchitas en las hojas o tallos que pueden confundirse con una quemadura por exceso de radiación solar.
Ten especial cuidado en invierno, ya que con la calefacción el ambiente se seca mucho. Evita colocar tus philodendros cerca del calefactor e intenta subir la humedad atomizando, utilizando humidificadores y revisando la humedad de la tierra con más regularidad.
Puedes retirar las hojas viejas amarillentas, marchitas o dañadas utilizando siempre unas tijeras limpias y desinfectadas, y cortando desde la base de la hoja, cerca del tallo.
Limpia el polvo de las hojas con un paño húmedo para que puedan realizar fotosíntesis adecuadamente.
Si el philodendro es de tipo trepador o rastrero, considera un soporte para ayudarle a crecer verticalmente.
Puedes propagar por esquejes de tallo. Corta un segmento con al menos un nudo, coloca en agua o en sustrato húmedo — raíces deberían salir en unas semanas.
También algunas variedades permiten división de rizoma o separación de hijuelos en el trasplante, si la planta ya está muy densa.
Hay que tener cuidado con los excesos de: agua, luz, temperatura, fertilizante, etc. Las hojas amarillas es el problema más común en los philodendros y generalmente se debe a un exceso de riego. Sin embargo, no siempre es el motivo y puede deberse a otros factores, como falta de luz, temperaturas muy frías, falta de nutrientes o presencia de plagas.
Las plagas más comunes son la arañita roja (es un ácaro), la cochinilla blanca algodonosa y los pulgones. Revisa el envés de las hojas con frecuencia para detectar las plagas a tiempo. Se pueden eliminar fácilmente utilizando remedios ecológicos como jabón potásico o aceite de neem.
Los philodendros son plantas espectaculares, con mucha variedad de tamaños, formas y colores para todos los gustos y estilos, pero todas con los mismos cuidados. Por lo que si aún no comienzas con tu colección de alocasias te aconsejo que empieces con una planta y practiques sus cuidados.
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